Cuando los padres se van

El caso de Ana del Carmen y Freddy Rafael:

Los padres son la principal figura que el niño asocia en su entorno, son los principales ejemplos de moral y comportamiento que interpretan como adecuado, sobre todo son las principales fuentes de amor y cariño que el niño encontrara dentro del núcleo. Los padres, bajo un deber socio-cultural tienen la responsabilidad de educar al niño hasta la edad de su institucionalización.

Los núcleos familiares se encuentran expuestos en todo momento a configuraciones tanto externas como internas que transgreden integralmente a los individuos que componen el núcleo.  Estos factores suelen rayar las dimensiones económicas, que muchas veces no permiten la sostenibilidad en el hogar. En los casos presentes en la reflexión se evidencian las circunstancias vulnerables por las que ambos núcleos se implicaron, contextos donde núcleos familiares en riesgo social, abandonan a sus hijos y sus abuelos asumen el rol parental inmediato.

Sin embargo, cabe la posibilidad de considerar que los mismos factores que impulsaron el abandono del hogar por parte de los padres, es el mismo que el que los abuelos enfrentan al asumir la responsabilidad de los niños en el hogar ¿Qué sucede entonces?

“Cuando yo era niña sufrí mucho porque mi madre era pobre y teníamos que trabajar. Yo no tuve un padre, solo una madre que luchaba por nosotros”.

La infancia de doña Ana se refleja en dolor y lucha, trabajando desde niña para poder alimentarse, con una madre soltera jugándosela para mantener a sus hijos.

“Cuando nacieron mis nietas, me dediqué a ellas, siempre hacía mi trabajo de doméstica en Costa Rica y después reciclaba, andaba recogiendo botellas. Ellas son todo para mí, yo las cuido, y estoy siempre pendiente de ellas”.

Cuando Freddy nos platica sobre su niñez, nos afirma la misma situación de trabajo y lucha por sobrevivir, al igual que las nietas de doña Ana, Freddy fue criado por sus abuelos.

“Mis abuelos eran muy pobres (…) me enseñaron a trabajar honradamente, a como tal lo ve, vender en la calle”.

En ambos casos es importante destacar que surge el factor pobreza como principal eje condicionante del núcleo familiar de ambos casos, sin embargo, no es el factor que justifique el abandono de los padres. Los abuelos de los niños asumieron la responsabilidad y enfrentaron las problemáticas que la pobreza se encargaba de limitar, sin embargo no fue el factor que impulso a los abuelos para abandonar a sus nietos.

“Yo aquí voy a tener tres años de vender Eskimo. Paso todo el día en el parque, pero antes yo recorría las calles, y si tengo que volver a buscar la calle pues la tengo que buscar, ahorita estoy descansando porque estoy en el parque; más fácil, no me asoleo, y estoy mejor aquí”.

Desde los escenarios limitantes de la pobreza, los abuelos encontraron una medida que amortiguara su situación. En el caso de doña Ana, el estudio de sus hijas asegura un impacto a largo plazo, desde la cuestión de profesionalización. Freddy, en cambio es una medida de corto plazo, donde inmediatamente tuvo que trabajar para mantenerse.

Es posible considerar el compromiso y el sentido de pertinencia de lazos afectivos que los abuelos construyeron con sus hijos, los métodos de los cuales se valieron para sostener el núcleo y las enseñanzas que facilitaron a sus nietos para  elegir un camino emprendedor.  Los motivos por los que los padres abandonaron a sus hijos son imposibles de afirmar debido a que no se cuentan con entrevistas de los padres. Lo que sí es posible afirmar desde ambos casos es que el factor pobreza no justifica el abandono de los padres en el hogar.

 

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