Vulnerabilidad social

El caso de Zemfira:

“Este matrimonio no me salió nada bien así que me quede en la calle, saliendo adelante con mis dos hijos. Ellos son pequeños todavía (…) Estudian muy bien, tienen buena educación, me comprenden, saben que soy mujer de ambiente, son muy inteligentes, muy tranquilos  (…) A ellos no les importa lo que dicen de su mamá, no les interesa. A veces la gente dice ´tu mama allá, tu mama para acá´, pero no les importa. Ellos quieren salir adelante, quieren ser militares médicos. A eso se quieren dedicar su vida, a la patria Nicaragua”.

Zemfira es un caso de los muchos casos de mujeres que optan por ser trabajadoras sexuales en Nicaragua, cada una desde la particularidad histórica que moldea su vida- unas más desafortunadas que otras. Sin embargo, estas mujeres, trabajadoras arduas y honorables, dignas del título, han emprendido una larga lucha para ser reconocidas ante la ley, y ante la sociedad, no como cuerpos andantes en que pueden encontrar placeres, si no como protagonistas de sus propias decisiones.

Ante los ojos de la sociedad, las trabajadoras sexuales no poseen autonomía corporal, es decir, no son dueñas de su cuerpo, pues, es el vehículo fundamental de su economía. Se considera a la trabajadora sexual únicamente como un cuerpo; esta superioridad facilita a la sociedad degradarlas a tal punto de excluirlas, hacerlas invisibles, como tal no tendrían garantías ni derechos que permitiesen su seguridad y bienestar integral. Bajo esta misma lógica, sus clientes re-configuran una identidad dominante sobe estos “cuerpos no autónomos”, a tal grado de considerarlas mercancías de placer orgánicas, someterlas a sus placeres es el objetivo primordial.

Cabe destacar, que el modelo sistémico en la sociedad nicaragüense es un modelo patriarcal, por tanto   la recriminación de estos actos guiados por el placer y la lujuria recae en hombros de las trabajadoras, no en los hombres que contratan sus servicios. La relación dialéctica de trabajadora sexual y cliente son directamente proporcionales entre sí, según los motivos del último, que en muchos casos son: infidelidad, impotencia, despecho; sin embargo, el peso de la culpa cae en las trabajadoras sexuales que al unísono responden: “es por necesidad”.

En 2007 surge el primer intento de sindicalización de las trabajadoras sexuales en Nicaragua bajo la Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex) el primer paso para evidenciar que estas mujeres no eran mercancías o cuerpos, sino trabajadoras dignas de respeto, por tanto una digna integración a la sociedad. Ontológicamente, la lucha de RedTraSex es la lucha por visibilizar estas mujeres, visibilizar sus dificultades. Las trabajadoras sexuales difícilmente eran tratadas en centros de salud, hoy en día es una realidad que ha cambiado gracias a los esfuerzos de las mismas trabajadoras sexuales, RedTraSex y el gobierno. Sin embargo la lucha no para ahí.

“Yo siempre estoy triste, desde que me separé de mi familia. Y la vida que llevo ahora no es fácil, la gente me juzga, se ríe, se aprovecha, hay muchos vividores, gente muy mala. Toda mi vida vivo triste”.

Ser trabajadora sexual es ser una mujer que presta su cuerpo a muchos hombres, dedica tiempo, dedica su esencia mas preciosa: su cuerpo, más no su espíritu, porque este está en su hogar, en su familia. Zemfira desea que sus hijos se eduquen, y sean reconocidos ante la sociedad como ciudadanos con trabajos loados socialmente.  Sin embargo el dolor psicológico y físico del que Zemfira y muchas trabajadoras sexuales están sujetas es indescriptible, la carga emocional contenida por estas mujeres y su impotencia al no poder hacer nada por mejorar su situación las coloca en la situación más agobiante de todas, sin embargo su horizonte toma sentido cuando los objetivos de su hijos están encaminados a una vida fuera de la vulnerabilidad social que la misma sociedad las obliga a soportar.

Hoy la lucha de Zemfia, de RedTraSex y de muchas mujeres fuertes es el reconocimiento del trabajo sexual autónomo de las mujeres latinoamericanas y el caribe, la lucha por su autonomía, por su voz, por su identidad… la lucha por ser mujeres.

 

Escrita por: Luis Choisseull
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