La cuestión sobre la motivación y vocación

El caso de Alejandra Hernández:

Sin duda alguna, muchos de nosotros nos hemos enfrentado en algún momento de nuestra vida escolar: “¿Que quiero estudiar?”, acarreando la pregunta o posponiendo hasta último momento la interrogante; considerando que, desde la lógica común, es más importante estudiar por aprobar las materias de los cursos, sin embargo, desde la perspectiva que propongo es un poco incongruente…

El estudiante a lo largo de su proceso educativo se expone a materias generales, que complementarán en un sentido integral su formación académica. El currículum se complementa de ciencias en distintos campos: ciencias exactas: matemáticas; ciencias blandas: sociología, filosofía; letras: lengua y literatura; ciencias experimentales: biología, física y química; y sobre ellas materias complementarias para formar ciudadanos: convivencia y civismo; también las que forman habilidades técnicas: expresión cultural y artística/orientación técnica vocacional; y las materias de recreación: deportes. Sin embargo, no hay una materia que intente descubrir o motivar las posibles perspectivas o habilidades reales de los estudiantes.

El currículo es un arma de doble filo, si bien se asume como una herramienta para potencialidad habilidades, también es una herramienta para reprimirlas, pero ¿cómo?

Desde la metodología de clasificación y evaluación se considera los enfoques cuantitativos como absolutos en la valoración de los aprendizajes adquiridos, esto supone una valoración artificial que limita los niveles de aprendizaje en niveles micro (estudiante), meso (salón de clase) Y macro (escuela) debido a que no todos los estudiantes piensan, formulan, responden, analizan o se constituyen uniformemente. Esto supone un proceso de homogeneización de la educación. Tal proceso educativo es un modelo automatizado: educar, evaluar, titular; y en ninguno de esos tres pasos de formación se integra la verdadera cuestión pedagógica: ¿para qué me educo?

Realmente no es un problema del estudiante, el enfrentar la realidad de que culmina un proceso educativo aún más confuso sobre sus expectativas; el estudiante es vulnerable en este punto, al igual que Alejandra. La respuesta fue implantada automáticamente por su padre. Sin embargo, los resultados no fueron los óptimos, pues estudio una carrera sin motivación alguna, dando como resultado la deserción escolar de Alejandra en sus primeros años de estudio.

Personalmente, creo que la familia y la escuela trabajando juntas es una respuesta fundamental para evitar estos casos; ambas instituciones son núcleos fundamentales, evitando claro la imposición como método de educación.

Llegará un día en que, el humanismo será el método de evaluación académica y, preveo que será un método eficaz, armónico e integral, puesto que celebrará lo diverso, lo único que cada estudiante posee, eso que lo hace especial según sus habilidades, facilitándole herramientas o currículas que potencialicen sus habilidades. Como resultado tendríamos: estudiantes con expectativas sólidas y posteriormente, profesionales comprometidos.

 

Escrita por: Luis Choisseull
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