Los discursos del éxito y el fracaso

El caso de Keving López:

Entre las bocanadas de vida y de juventud que cada chavalo y chavala nicaragüense, sobran las sorpresas, aventuras, errores y aciertos que impulsan a construir o mejor dicho, re-construir los trazos sobre el futuro que en algún momento hemos (y me incluyo) disfrutado de imaginar.

¿Cuántas queremos ser exitosos en el futuro? Tener buen empleo, buena vivienda, un coche, seguro de vida, amigos, dinero… buena vida en general; nuestros futuros se proyectan a una calidad casi impuesta y tomada de los medios difusivos. No sólo debemos sino que, tenemos la obligación de alcanzar tal meta en la vida, de lo contrario seríamos un fracaso rotundo.

Entre tales ideas de fracaso… ¿Cuántos nos visualizamos siendo padres o madres a los 18 años? En Nicaragua existen casos de niñas siendo madres desde los 12 años, pero seamos honestos ¿Serán esas sus metas personales? Personalmente considero que un joven no tiene tales deseos a tan temprana edad; claro está que, el ser humano está condicionado por el entorno social y sin olvidar que la época de las hormonas nubla el juicio, la conciencia y las tan anheladas posesiones del futuro.

La mamá de Keving es uno de estos ejemplos. Los medios difusivos no consideran a una joven embarazada como un ejemplo de éxito, todo lo contrario; un ejemplo de éxito es el joven soltero/a que vive lleno de lujos entre fiestas y amigos de ciudad en ciudad. Automáticamente la idea del embarazo es disruptivo con el propósito de los sueños y metas, asociándose directamente al fracaso.

Si bien el intento de aborto no es un justificante de las acciones previas y posteriores al embarazo, se debe tener en cuenta los discursos implícitos de la sociedad para que la madre de Keving asumiera tal decisión como solución imperativa al fracaso. El miedo fue el impulso principal a tal hecho y estuvo totalmente condicionada a la actitud despreocupada del padre de Keving, un joven que desde temprana edad ya era alcohólico.

Los trazos desesperados del futuro oscurecieron el camino. La joven madre no se visualizaba en un mundo a la deriva, sin condiciones de ser madre, o apoyo suficiente para serlo. Sin embargo, el procedimiento de alguna manera salió mal. En este momento el “propósito” se mezcló con el imperativo de la creencia. Consideraron el hecho como un designio divino, y quedo anulado el discurso social del éxito y el fracaso… se asumió el discurso del propósito.

Sobre el discurso del propósito, las metas se re-estructuraron. La madre asumió su responsabilidad; el padre abandonó el vicio y, el niño emprendió el camino hacia el perdón. El propósito se convirtió en la meta familiar que cohesionó los lazos del núcleo familiar y las estrategias de autocuido en la familia.

Inspira a otro y comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: