Los estudiantes de la periferia

El caso de Gabriela Borje:

La periferia desde un marco geopolítico de carácter elitista y excluyente es todo el territorio que no pertenece al mundo desarrollado, el mundo del consumo masificado, de las grandes urbes financieras y, los centros corporativos donde fluye el capital libremente. La periferia es ese pequeño gran mundo de los seres consumidos por el mercado, donde las expectativas son cuantificables y los sueños se encuentran a la vuelta de la esquina con el precio en etiqueta.

Y, al igual que el mundo real, la periferia acarrea innumerables problemáticas que la convierten en objeto de intervenciones por las mismas urbes que la saquean… los procesos de desigualdad se agudizan cuando los que regulan el mercado y los discursos sobre la realidad evaden la culpa sobre la pobreza que han causado. Una pizca de esta miseria se traduce en la educación y, aún más específica, en los actores directos de la educación: el estudiante.

Los estudiantes de la periferia son tan iguales y distintos que los estudiantes del mundo occidental: ambos tienen grandes metas para cambiar su calidad de vida. La diferencia radica en las posibilidades y condiciones histórico-político que el estudiante de la periferia se ve limitado. En América Latina se encuentran escenarios que interrumpen el proceso educativo de los niños, jóvenes y adultos. Alguno de ellos: pobreza, desempleo, desigualdad y exclusión cultural. Se instaura un discurso que define implícitamente los estigmas sociales que son capaces de superarse y explícitamente se reprime a los prospectos que no cumplen con el rol sobresaliente (que al final se convierten parte de las necesidades del mercado).

El mismo mercado necesita figuras duales que alimenten la competitividad: inteligente-ignorante, rico-pobre. Sobre este marco sistémico la educación lanza sus directrices institucionales y según la rigurosidad y el empeño de un estudiante, voltea el sistema (barreras) que la estructura educativa crea para filtrar los “No adecuados” para regular el mercado.

Ciertamente para cumplir nuestros sueños, cumplimos antes las expectativas del mercado, incluso desde nuestras metas educativas… Todo se resume en que los estudiantes de la periferia desarrollan los niveles de aprendizajes para formar parte de la maquinaria mercantilista como un obrero más.

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