Jack El Destripador y Daniel Ortega son asesinos con un modus operandi similarmente diferente

Ilustración de Manuel Guillén

Los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro país donde algunos jóvenes fueron asesinados a pesar que La Constitución Política de Nicaragua (1948), en su artículo 23, establece que “el derecho a la vida es inviolable e inherente a la persona humana”; me hizo pensar y buscar razones para conocer cómo alguien es capaz de convertirse de alguna forma en asesino y comparativamente afirmar que Jack El Destripador y Daniel Ortega son asesinos con un modus operandi similarmente diferente.

La analogía que estoy a punto de describir, a simple vista puede resultar un poco perturbadora, puesto que a diferencia de Ortega quien mandó a matar jóvenes durante las protestas a la reforma del seguro social, Jack fue un asesino de prostitutas que realizaba sus fechorías con sus propias manos, y antes que alguien se indigne por la comparación, empecemos por el modus operandi.

Durante una entrevista concedida el 27 de abril por Vilma Núñez, presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), al diario La Prensa, afirmó: “si vos te fijás todos los muertos (tienen impactos de bala) del pecho para arriba”. Y no es para menos, las fotografías y vídeos de los jóvenes muertos mostraban claramente que la Policía Nacional lanzaba sus balas con la única intención de asesinar, producto de una súbita orden de Daniel Ortega.

Sobre los asesinatos cometidos por Jack, Arquímedes González señala que “los daños fueron causados con el mismo instrumento. Llama la atención que el atacante usara con destacada habilidad el arma y que localizara zonas del cuerpo tan específicas” (2017, p.189). Jack usaba arma blanca con mucha habilidad en zonas específicas sobre sus víctimas; Ortega usó armas de fuego con las habilidades de policías entrenados, atacando en zonas específicas sobre los estudiantes, ambos para cumplir un propósito, asesinar.

Pero ¿por qué matar?

“La mayoría de los asesinos provienen de padres separados, no tienen buenas relaciones con sus madres, crecieron en un ambiente hostil de alcohol, abuso psicológico y físico… pero son buenos conversadores, mentirosos y tienen un alto coeficiente intelectual” (A. González, 2017, p.112). Al desconocerse la verdadera identidad de Jack, no se puede afirmar si durante su niñez adolescencia tuvo algún episodio que terminó generando sus impulsos asesinos. Pero de Ortega sabemos que desde tempana edad estuvo vinculado en actividades políticas, donde fue arrestado en 1960 y 1967, siendo severamente torturado durante sus siete años de encarcelamiento en su segundo período. Y según Pablo Malo (2012) explica que:

“El Sesgo de Negatividad es un fenómeno psicológico por el que la gente  pone más atención, y da más peso, a las experiencias negativas que  a las positivas. Los estímulos negativos son más llamativos y dominantes, y las respuestas a las amenazas y las cosas desagradables es más rápida” (Comunicación personal).

Esto explicaría emocionalmente el porqué de los actos de ambos asesinos, puesto que comprendiendo el sesgo de la negatividad, los malos sucesos de nuestras vidas “logran tener un efecto más duradero y consecuencias más intensas” (Pablo Malo, 2012).

Pero justamente, cada persona que realiza una acción, en este caso, un asesinato, debe tener un fin específico que le permita llevar a cabo sus crímenes y precisamente sobre el perfil de Jack El Destripador, Gabriel Pombo (2017, p.294) menciona que “el asesino sufría ‹satiriasis› (es decir, era un ser hipersexuado y recurría a la violencia para satisfacer su apetito sexual desmesurado). En apariencia podía ser muy bien un hombre tranquilo, inofensivo, probablemente de mediana edad, vestido de forma limpia y respetable”. Y aunque sería un poco irresponsable por falta de pruebas legales mencionar las acusaciones de violaciones en contra de Ortega, que ayudaría a realizar una comparación extremadamente notable con el perfil de Pombo, lo vamos a tener en cuenta.

El 22 de mayo de 1998, Zoilamérica Narváez Murillo, hija de Rosario Murillo, denunció haber sido abusada sexualmente desde los 11 años por su padrastro, precisamente Daniel Ortega. Murillo apoyó a su marido y dijo sentirse “avergonzada” de su primogénita. Y sin entrar en detalles de la acusación de la joven Elvia Junieth Flores Castillo con quien se presume Ortega sostuvo una relación extramarital en 2005 cuando Flores tenía 15 años; podemos entender que el perfil de Jack calza casi simétricamente con Ortega, pero Ortega no mata por un impulso sexual como Jack, sino por un impulso de poder del que su esposa se ha vuelto cómplice a fin de hacer crecer su patrimonio y nepotismo en el país.

Pero ¿por qué aún la gente lo sigue?

Ilustración de PXMolina

“Sin embargo, a pesar de sus malas intenciones, repito, sabía convencer a las mujeres… Jack supo elegirlas como quien las hubiera perseguido toda la vida para conocer cada una de sus debilidades… Es metódico, consistente y cuidadoso en identificar a sus víctimas” (A. González, 2017, p.178). Así catalogaba a Jack el personaje ficticio Sherlock Holmes en el libro La Muerte de Acuario; pero nada ficticio resulta ser el sistema de manipulación que Daniel Ortega ha llevado a cabo con sus seguidores, que a pesar de convertirse en un asesino con poder, ha mantenido fieles una buena parte de sus seguidores, a quienes ha logrado convencer con sus discursos elaborados, precisamente mediante un sistema de manipulación donde resulta imprescindible conocer las debilidades de las masas quienes resultan ser otras víctimas del asesino.

Richard Davidson y Sharon Begley (2012) aseguran que “cada uno de nosotros respondemos de manera diferente a aquello que desencadena la emoción” (p.17). Es por eso entendible que la manipulación los asesinos funcione de manera tal que saben cómo desencadenar en sus víctimas emociones favorables hacia ellos. En el caso de Jack, ganarse la confianza de su víctima para asesinarla; en el caso de Ortega, ganarse la confianza de sus seguidores para cegarlos de sus perversidades.

Sobre la manipulación, Alfonso López Quintás (2001) nos dice:

“El tirano no lo tiene fácil en los regímenes democráticos. Quiere dominar al pueblo, y ha de hacerlo de forma dolosa (engañosa) para que las gentes no lo adviertan, pues lo que prometen los gobernantes en una democracia es, ante todo, libertad. En las dictaduras se promete eficacia, a costa de las libertades. En las democracias se garantizan cotas (medidas) nunca alcanzadas de libertad aun a riesgo de amenguar la eficacia. ¿Qué medios tiene en su mano el tirano para someter al pueblo mientras lo convence de que es más libre que nunca? Este medio es el lenguaje” (p.16).

La manipulación suele ser el arma principal de cualquier asesino, llámese Jeffrey Dahmer, Harold Shipman, Charles Manson, Aileen Wuornos, Zodiac, Jack El Destripador, Daniel Ortega. Todos y cada uno de ellos no se diferencian distantemente puesto que suelen ser “personas obsesionadas con el poder, manipuladores, egoístas, saben usar las emociones de sus víctimas contra ellas, y son activos en la comunidad” (ABC.es, 2015).

Pero ¿por qué Ortega sigue estando impune?

Jack El Destripador fue un asesino que hasta el día de hoy no se sabe con certeza su verdadera identidad, y se volvió famoso por el hecho de no lograr ser capturado y haber generado infinidades de hipótesis y escritos sobre su identidad y asesinatos. Contrariamente, Daniel Ortega ha actuado sin vergüenza alguna y ha mantenido ante el pueblo una imagen “limpia” y “normal” después de la masacre ejecutada por orden suya, y es que el poder que ha generado en el país a base de manipulaciones y mentiras le ha dado esa impunidad; y como afirma A. López Quintás (2001, p.41) sobre la política: “se está convirtiendo a menudo en el arte de engañar y seducir, mejorar la imagen propia y desfigurar la ajena, guardar las apariencias para ganarse las voluntades”.

Aunque Daniel Ortega no logre pagar por sus asesinatos, de algo estoy completamente seguro, y es que si cada joven muerto por orden de él hubiese tenido la oportunidad de decir algo antes de caer como héroes del país, fueran las mismas palabras que el Coronel Agatón Solórzano escribió antes de morir ejecutado por el Coronel Evaristo Carazo en el libro La Muerte de Acuario de Arquímedes González: “Declaro que no he merecido la muerte porque no he cometido más falta que tratar de liberar a Nicaragua de las manos de un loco y procurar la paz de la República” (2017, p.198).

 


Referencias

ABC. (2015). Desvelan los cinco rasgos de la personalidad de un asesino en serie. Recuperado de: http://www.abc.es/sociedad/20150722/abci-asesinos-serie-caracteristicas-201507221132.html

Álvarez, L. (2018, 27 de abril). Vilma Núñez: “Ortega tiene ahora su propia masacre de estudiantes”. La Prensa. Recuperado de: https://www.laprensa.com.ni/2018/04/27/politica/2410602-vilma-nunez-ortega-tiene-ahora-su-propia-masacre-de-estudiantes

Asamblea Nacional. (1948). Constitución Política de Nicaragua. Publicada en La Gaceta diario Oficial No. 16, del 22 de enero de 1948. Nicaragua.

Davidson, R., Begley, S. (2012). El perfil emocional de tu cerebro. España: Grupo Planeta.

González, A. (2017). La muerte de Acuario. Nicaragua: Litografía Estrella.

Malo, P. (2012). El sesgo de la negatividad: Lo malo es más fuerte que lo bueno. Recuperado de: https://evolucionyneurociencias.blogspot.com/2012/12/el-sesgo-de-negatividad-lo-malo-es-mas.html

Pombo, G. (2017). Jack el Destripador: La leyenda continúa. Uruguay: Torre del Vigía Ediciones.

Quintás, A (2001). La manipulación del hombre a través del lenguaje: Estudio de los recursos manipuladores y del antídoto contra los mismos. Universidad Complutense, Madrid, España.


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